Política en Pozoblanco


jueves, 23 de julio de 2009

LA PASIÓN SEGÚN EL PSOE

Por DomingoRL a las 14:57
Menos mal que Pablo Iglesias fundó el PSOE en 1879 que si lo hace antes...

Era un día soleado, tranquilo, apacible del mes de abril. Se acercaba la celebración de la Pascua Judía. En principio, y a pesar de los rumores que corrían, nada hacía presagiar el tumulto que se iba a desarrollar en unos instantes...
Por la puerta de la muralla, llevado por un pollino, apareció el llamado Mesías. El boca a boca lo venía anunciando desde hace tiempo aunque el pueblo no había dado crédito a la noticia. Decían que venía a cambiar el orden establecido. Por el bien del pueblo. Pero no era la manera usual de llegar un gobernante: a lomos de un asno.

A pesar de todo el pueblo lo acogió con palmas y ramas de olivo. Lo aclamaron como su líder y lo acogieron en su seno. Venía acompañado por sus fieles apóstoles.

Los invasores de fuera, los que no pertenecían al pueblo elegido, el Imperio que paseaba orgulloso sus viejas águilas, en principio no le dieron importancia a esta llegada. Pensaron que no era más que un simple visionario más entre tantos como se habían conocido. Un charlatán, un vendedor de humo. Alguien que, sin querer, podría ser beneficioso a sus intereses.

Algunos reyezuelos vecinos también le vieron posibilidades. Si había exiliados, estos podrían pasar a integrar sus ejércitos.

Incluso los dirigentes de su propio pueblo, las Autoridades lo vieron como una buena opción para molestar al invasor. Nada iba a cambiar en su estatus. Ellos seguirían a lo suyo, viviendo por encima del pueblo y sin molestar excesivamente a la autoridad. Sin hacer ni deshacer, sin dar ruido pero manteniendo su nivel de vida.

Pero algo empezó a torcerse. El llamado mesías no cumplía con el guión y comenzó el descontento. El pueblo le pedía que arreglase algunos abusos cometidos por las autoridades y este, en vez de escuchar al pueblo se empecinaba en mantener los errores. Dándole la razón a aquel dicho tan castellano de “mantenella pero no enmendalla”.

El clamor y vocerío crecía día a día en el pueblo. Los Sumos Sacerdotes comenzaron a mostrarse a disgusto. Los habitantes los señalaban con el dedo mientras que El Imperio sonreía contemplando cómo cada vez tenían menos seguidores. Pensaban que al final, por el disgusto el pueblo acabaría solicitando su intervención aunque siguieran siendo infieles.

Y llegó la noche. El llamado mesías pensó que era hora de juntarse con sus fieles a cenar para celebrar la Pascua. El sospechaba que entre sus elegidos había uno que le quería traicionar. Desconfiaba...

Comenzó la última cena. Quiso descubrir entre los suyos al traidor y al ofrecer el plato para que el Judas metiera la mano... Todos sus apóstoles se abalanzaron. Chocaron unas manos con otras ante el estupor del Mesías. No se lo podía creer. Sus propios seguidores lo traicionaban. No había hecho falta que ofrecieran las consabidas treinta monedas. Antes de que cantase el gallo ya lo estaban negando a coro... El propio Judas estaba hundido viendo cómo se le escapaba el negocio.

Huyó al monte de los olivos. Se fue sólo a meditar. Alzó la voz para denunciar lo que él creía que era una traición y una injusticia. Echó a los suyos de su lado diciendo que además de no cumplir con su trabajo para con el pueblo le habían traicionado.

Los Sumos Sacerdotes al conocer la noticia se quedaron asombrados. Esto podía provocar la pérdida de su propia autoridad. No eran los planes que habían concebido. Todo se estaba viniendo al traste.

Los del Imperio, entre tanto, asistían entre divertidos y asustados al espectáculo que estaban dando los del pueblo elegido. Sabían que iban a tener que intervenir. Tal vez la situación de la población demandaba que de una vez por todas tomasen el poder  y apartasen a los Sumos Sacerdotes que llevaban tantos años viviendo del pueblo. Pero no las tenían todas consigo. Tal vez el gobernador elegido le faltaba determinación.

Llegó el día y en la plaza se reunieron todos. Aquél que llamaron Mesías se presentó por su propio pie, sus apóstoles que le andaban buscando, los reyes vecinos, los del Imperio y el pueblo.

Llega el momento de la recapitulación: El Mesías llega sólo, sin apoyos, confiando en su pueblo y pidiendo la crucifixión de los apóstoles. Los apóstoles que quieren que crucifiquen al mesías. Los Sumos Sacerdotes que también quiere su crucifixión.  Los reyes vecinos que ahora ven con temor la posibilidad de tener que intervenir a favor de algún bando. Los del Imperio que crucificarían a todos y cuyo gobernador sólo piensa en lavarse las manos. La mujer del gobernador que sabe que su marido tiene falta de carácter y que gobernaría ella... y el pueblo...

¿Qué piensa el pueblo?. Pues es peligroso preguntar al pueblo. Porque ante el marasmo formado tal vez tomaría la decisión salomónica, la más sabia,  de crucificar al culpable. ¿Quien es el culpable de que el  Mesías llegara al pueblo?: ... ¡El burro!

(Publicado en www.plazapublica.info el 12/04/2009)

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