Política en Pozoblanco


viernes, 25 de julio de 2008

UNA NOCHE EN LA OPERA

Por DomingoRL a las 14:53

Dice un dicho popular que hasta que no cante la gorda no se acaba la ópera. Aquí, por lo que parece, todavía no ha cantado pero nos tememos que ya tenemos el escenario lleno de muertos.

 

De todos los géneros que se exhiben en los escenarios de todo el mundo nosotros todavía no nos hemos decidido por uno en particular. Al principio parecía que nos habíamos decantado por la tragedia griega.  El argumento era simple: La caída de un personaje importante a causa de su flagrante traición al pueblo. Sólo quedaba por dilucidarse el momento y la hora en la que el Pueblo, representado por tres actores iban a cantarle el aria final donde se impondría el sentido común, la razón y la justicia. El final estaba escrito y la democracia brillaría en el último acto.

 

Pero hete aquí que de pronto, una de las voces se muestra dubitativa. Y eso que ha estado arropada por un gran coro, que accedió al proscenio para entonar un bellísimo fragmento donde se exaltaba el derecho al futuro esperanzador de Pozoblanco.

 

Dicen que para atraer la buena suerte los actores invocan una sustancia escatológica. Pero hay alguno que no ha entendido el ritual y en vez de gritarla ha terminado por hacérsela encima. Y esto tiene su peligro. Los profesores de la orquesta más cercanos a las bambalinas pueden arrugar la nariz a causa de la presencia de cierto peso extra en el vestuario de este intérprete y ello les va a provocar que desafinen a la hora de atacar el fragmento del voto en las próximas elecciones.

 

Llegado este momento de la obra, el público tiene la sensación de que en el drama que se estaba ejecutando se han colado los Hermanos Marx, como en aquella memorable película de “Una Noche en la Opera”, y está esperando que el tenor salga disparado por los aires.

 

Los buenos aficionados saben que cuando el patio de butacas se revuelve la obra puede acabar como el Rosario de la Aurora.  Hemos mutado el aire y hemos pasado de la opera verista a la opera buffa. Nos falta ver un Don Pasquale deambulando por el escenario a dúo con su amigo Malatesta.

 

Y mientras van cayendo los muertos políticos sobre las tablas de la escena. El Tenor, puesto por el antiguo rey en el papel de traidor a su pueblo, abandonado por los suyos y muerto por el coro. El coro, traicionado por sus gobernantes agoniza atónito ante tal perversión. El actor cómico, ahogado por sus propia lengua cínica y sus palabras vacías se arrastra hacia bambalinas intentando huir del destino. El Barítono ligero y el Barítono dramático abrazados cerca de las candilejas miran con asombro el transcurrir de la obra que se precipita hacia el desastre y el Bajo... El Bajo que había empezado con una dicción pulcra le están empezando a salir gallos y su partitura se está mutando en la de un Bajo Buffo.

 

Y a todo esto nos susurran al oído que la gorda todavía no ha cantado. ¡Esto es lo que faltaba!. Empezamos viendo a Parsifal buscando el Santo Grial de la Alineación y vamos a terminar escuchando a Papagena que tiene que hacer hablar a su enamorado que lleva una jaula de pájaros.

 

No son buenos tiempos para la lírica.


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